sábado, 19 de abril de 2014

La casona del Salto del Tequendama

El lugar está siendo objeto de un importante proceso de renovación que incluye la reforestación de un bosque nativo aledaño y la restauración, paulatina, de la casa donde funcionó el hotel El Refugio.

El Salto, ubicado en el municipio de Soacha y a tan sólo cinco kilómetros de la capital, ha sido un referente cultural que ha enamorado durante siglos a generaciones de bogotanos. Para los muiscas era sitio sagrado y escenario de innumerables leyendas.

La Fundación El Porvenir, integrada por ecologistas, veterinarios y biólogos egresados de la Universidad Nacional, lleva 16 años trabajando por la recuperación del área natural que circunda al Salto y la preservación de la bella casona que en otrora, además de ser hotel, fue el sitio de encuentro de la sociedad bogotana de mediados del siglo XX.

El primer paso para el cambio de imagen del lugar fue la entrega a El Porvenir de documentos sobre El Salto que pertenecían al archivo personal de Santiago Díaz, presidente de la Academia Colombiana de Historia. El material sirvió para la construcción de un museo temático.

A lo largo de estos años, El Porvenir ha reforestado 10 hectáreas de bosque nativo. "Logramos recuperar tres fuentes de agua que desembocan en el río Bogotá y estamos recuperando el bosque con plantas nativas como el cedro y el nogal", explicó María Victoria Blanco, directora de la fundación.

Blanco anunció que también se busca que la casa, de 1.480 metros cuadrados, cinco pisos, 15 habitaciones y con terminados elaborados por artistas italianos, sea declarada bien cultural de interés nacional con el fin de recuperarla.

Para para que el inmueble sea declarado monumento nacional se debe elaborar un proyecto de restauración que, según la fundación, supera los 20 millones de pesos, motivo por el cual no se ha hecho el trámite.

Los directores de la entidad aseguraron que los antiguos dueños del predio, Roberto Arias y Gloria Nieto, no estaban interesados en invertir más dinero en la propiedad, que restauraron en 1979. Hoy, ni el Gobierno Nacional ni el Distrito, ni el Municipio de Soacha ni la Gobernación de Cundinamarca se han apersonado de la recuperación.

"La restauración del hotel se ha convertido en material de campaña para los políticos de la región. Hasta ahora todo se ha quedado en promesas", alega José Ignacio Varela, quien cuida la casa desde hace ocho años.

La recuperación del Salto permitirá que deje esa imagen de sitio abandonado y sin porvenir para convertirse en un importante referente turístico, ecológico e histórico.

El Salto, fuente de inspiración
La casa fue construida en 1923 e inaugurada en 1927 por una firma alemana. Se cree que fue obra del arquitecto Carlos Arturo Tapias. Su primer uso fue como estación terminal del ferrocarril del sur, que tenía una parada en El Salto del Tequendama.

Debido a la masiva visita de personas, se decidió que la construcción se convirtiera en hotel y así se inauguró. Sus visitantes eran la élite capitalina y personalidades de todo el país. Desde la época colonial hasta mediados del siglo pasado, el Salto del Tequendama fue el destino turístico obligado para los bogotanos.

El hotel que allí funcionaba reunía a las parejas bogotanas que celebraban su luna de miel. Daniel Samper Pizano, Héctor Abad Faciolince y Alejandro de Humboldt, entre otros, sucumbieron a la tentación de dedicarle crónicas, relatos conmovedores y hasta versos.


Historias de fantasmas que asustan en la noche, personas que se emborrachan para luego saltar a la profundidad del abismo, han hecho de la casa también un símbolo muy bogotano del terror, al mejor estilo gótico. De paso se convirtieron en 'fuente' de inspiración para los cronistas rojos del siglo XX, como el célebre ‘Ximénez’.

La casona del Tequendama a través del tiempo on PhotoPeach

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