El lugar está siendo objeto de un
importante proceso de renovación que incluye la reforestación de un bosque
nativo aledaño y la restauración, paulatina, de la casa donde funcionó el hotel
El Refugio.
El Salto, ubicado en el municipio
de Soacha y a tan sólo cinco kilómetros de la capital, ha sido un referente
cultural que ha enamorado durante siglos a generaciones de bogotanos. Para los
muiscas era sitio sagrado y escenario de innumerables leyendas.
La Fundación El Porvenir,
integrada por ecologistas, veterinarios y biólogos egresados de la Universidad
Nacional, lleva 16 años trabajando por la recuperación del área natural que
circunda al Salto y la preservación de la bella casona que en otrora, además de
ser hotel, fue el sitio de encuentro de la sociedad bogotana de mediados del
siglo XX.
El primer paso para el cambio de
imagen del lugar fue la entrega a El Porvenir de documentos sobre El Salto que
pertenecían al archivo personal de Santiago Díaz, presidente de la Academia
Colombiana de Historia. El material sirvió para la construcción de un museo
temático.
A lo largo de estos años, El
Porvenir ha reforestado 10 hectáreas de bosque nativo. "Logramos recuperar
tres fuentes de agua que desembocan en el río Bogotá y estamos recuperando el
bosque con plantas nativas como el cedro y el nogal", explicó María
Victoria Blanco, directora de la fundación.
Blanco anunció que también se
busca que la casa, de 1.480 metros cuadrados, cinco pisos, 15 habitaciones y
con terminados elaborados por artistas italianos, sea declarada bien cultural
de interés nacional con el fin de recuperarla.
Para para que el inmueble sea
declarado monumento nacional se debe elaborar un proyecto de restauración que,
según la fundación, supera los 20 millones de pesos, motivo por el cual no se
ha hecho el trámite.
Los directores de la entidad
aseguraron que los antiguos dueños del predio, Roberto Arias y Gloria Nieto, no
estaban interesados en invertir más dinero en la propiedad, que restauraron en
1979. Hoy, ni el Gobierno Nacional ni el Distrito, ni el Municipio de Soacha ni
la Gobernación de Cundinamarca se han apersonado de la recuperación.
"La restauración del hotel
se ha convertido en material de campaña para los políticos de la región. Hasta
ahora todo se ha quedado en promesas", alega José Ignacio Varela, quien
cuida la casa desde hace ocho años.
La recuperación del Salto
permitirá que deje esa imagen de sitio abandonado y sin porvenir para convertirse
en un importante referente turístico, ecológico e histórico.
El Salto, fuente de inspiración
La casa fue construida en 1923 e
inaugurada en 1927 por una firma alemana. Se cree que fue obra del arquitecto
Carlos Arturo Tapias. Su primer uso fue como estación terminal del ferrocarril
del sur, que tenía una parada en El Salto del Tequendama.
Debido a la masiva visita de
personas, se decidió que la construcción se convirtiera en hotel y así se
inauguró. Sus visitantes eran la élite capitalina y personalidades de todo el
país. Desde la época colonial hasta mediados del siglo pasado, el Salto del
Tequendama fue el destino turístico obligado para los bogotanos.
El hotel que allí funcionaba
reunía a las parejas bogotanas que celebraban su luna de miel. Daniel Samper
Pizano, Héctor Abad Faciolince y Alejandro de Humboldt, entre otros,
sucumbieron a la tentación de dedicarle crónicas, relatos conmovedores y hasta
versos.
Historias de fantasmas que
asustan en la noche, personas que se emborrachan para luego saltar a la
profundidad del abismo, han hecho de la casa también un símbolo muy bogotano
del terror, al mejor estilo gótico. De paso se convirtieron en 'fuente' de
inspiración para los cronistas rojos del siglo XX, como el célebre ‘Ximénez’.



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